Ante la alarmante tendencia de convertir a animales como búfalos, jaguares, orangutanes e incluso ballenas en bonos —una forma de «lavado verde» (greenwashing) para empresas petroleras y mineras—, los Pueblos Indígenas y la sociedad civil exigen a las Naciones Unidas que pongan fin de inmediato a la mercantilización de sus animales sagrados y de la naturaleza, tratándolos como «capital natural» para los mercados de carbono y biodiversidad, ya que esto contribuirá a su extinción. En la cumbre del Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU, Aimee Robeson de los Pueblos Chahta y Chikashsha, directora ejecutiva de Cultural Survival, explica: «Si realmente nos importa la biodiversidad, no deberíamos caer en la tentación de mercantilizar a nuestros parientes ni a los servicios ecosistémicos, como la captura de carbono; estos poseen un valor intrínseco que no puede reducirse a una cifra monetaria. Estos esquemas basados en el mercado son falsas soluciones que agravan las crisis a la que nos enfrentamos. No solo resultan sacrílegos, sino que conducen a una pérdida neta de biodiversidad, al ecocidio y a la degradación de los sistemas que sustentan la vida en la Madre Tierra, de la cual todos formamos parte. No puede haber zonas de sacrificio, ni intercambios, ni bonos de carbono y biodiversidad si queremos que la vida en la Madre Tierra sobreviva para las generaciones venideras». «Para los Pueblos Indígenas, la naturaleza no es un activo financiero; es nuestra Madre», afirma Tom Goldtooth de los Pueblos Diné y Dakota, director ejecutivo de la Indigenous Environmental Network. «Utilizar los territorios de los pueblos indígenas y a nuestros parientes animales sagrados para generar créditos de biodiversidad y de carbono constituye una violación de lo sagrado. Rechazamos categóricamente, en particular, los créditos de búfalo. Los búfalos — cuya población fue reducida por la matanza perpetrada por el hombre blanco, pasando de entre 60 y 70 millones en 1853 a apenas unos miles en la década de 1880 — están siendo presentados ahora como ‘máquinas de almacenamiento de carbono’ y convertidos en créditos de carbono del suelo, permitiendo así que quienes contaminan sigan haciéndolo. Nuestros búfalos, Tanka Oyate en nuestra lengua, son parte de nuestro origen; no son ‘bonos de bisonte’. El comercio de carbono es un fraude ofensivo que amenaza al futuro de la humanidad. ¡Devuélvannos a los búfalos, no al colonialismo!». El mercado de carbono también están vendiendo créditos de carbono basados en los jaguares. Para Wilmer Lucitante, de la UDAPT y la Nacionalidad A’i Kofán de la Amazonía ecuatoriana, cuyo territorio fue devastado por Texaco/Chevron, «convertir a nuestros jaguares sagrados en créditos de carbono es una falsa solución al cambio climático que acelera su extinción, al tiempo que sirve para lavar la imagen ecológica (greenwashing) de las industrias extractivas. En lugar de mercantilizar la vida silvestre, debemos detener la extracción de petróleo y la minería en la Amazonía». Los orangutanes también están siendo utilizados para mecanismos de compensación de la biodiversidad. Andine Fahira Lubis, de la oficina regional de Sumatra del Norte de WALHI (Amigos de la Tierra Indonesia), denunció que el orangután de Tapanuli — una especie en peligro crítico de extinción, de la que quedan menos de 800 individuos y que constituye la especie de gran simio más rara del mundo — está siendo utilizado en esquemas de compensación de biodiversidad para lavar la imagen de la mina de oro Martabe, en Sumatra. Esta mina es operada por PT Agincourt Resources (filial de Jardine Matheson) en el ecosistema de Batang Toru, dentro de territorios de Pueblos Indígenas. “La hipocresía que muestran estos bonos basados en los orangutanes es pasmosa; además, nuestro informe demuestra claramente que tales mecanismos no pueden compensar lo que es irreemplazable”. Otras minas de oro también muestran gran interés en utilizar créditos de biodiversidad. Según Nazeli Vardanyan, directora de la organización Armenian Forests, «la controvertida mina de oro de Amulsar — contra la cual la sociedad civil luchó durante 20 años y que fue aprobada una semana antes de la inauguración de la cumbre de la ONU sobre biodiversidad — planea utilizar los bonos de la biodiversidad para realizar un «lavado de imagen verde» (greenwashing) basados en el hábitat del leopardo del Cáucaso y del oso café, especies cuyo entorno se ve amenazado precisamente por la propia mina». Esta mercantilización de las «especies carismáticas» y sus hábitats, convertidos en créditos de biodiversidad y de carbono, ha llevado a algunos observadores a rebautizar el Convenio sobre la Diversidad Biológica como el «Convenio sobre la VENTA de la Diversidad Biológica». Cassandra Smithies, experta en el mercado de carbono de la organización Global Justice Ecology Project, advierte que «ponerle precio a la naturaleza no la salvará; la destruirá. Los animales, las tierras y los océanos de los Pueblos Indígenas no son esponjas para absorber gases de efecto invernadero, destinadas a ser acaparados y saqueadas por las grandes compañías petroleras y las industrias extractivas responsables de la emergencia climática, que a su vez acelera la sexta extinción. Las Naciones Unidas no deben ser cómplices del colonialismo verde».
Andine Fahira Lubis, de Amigos de la Tierra Indonesia, denuncia a la mina de oro Matheson Jardine, en Indonesia, que utiliza la imagen de un orangután en peligro de extinción para hacer greenwashing (lavado verde) de sus operaciones tóxicas.
